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Los bichos se comieron la trama
Particular forma de llevar la locura hasta sus últimas consecuencias. Friedkin elaboró una historia en base a la enajenación de una pareja que se siente invadida por insectos que los consumen poco a poco y lo cierto es que a medida que avanza la peli uno siente la presencia de esos bichos por todos lados, al extremo de perder el hilo conductor que movilizaba al guión.
Poco clara resulta la relación entre Peter y Ashley, hay algo de viscoso y ríspido en ellos mientras que la violencia gratuita y enfermiza corre por parte de Harry Connick, una ex pareja de la protagonista que a su vez lleva los pergaminos de ex convicto. Lo cierto es que de una trama que desde un principio amenazaba con formar un triángulo de riesgo poco a poco esta historia se va diluyendo, el hombre golpeador va quedando de lado hasta casi desaparecer por completo de la peli para que esta quede en manos de la locura, y aquí todo se va de madre. Incluso esas pelis que se esmeran por realizar un retrato fiel de la enajenación mental guardan por lo menos un sentido de la organización, algo que en Bug brilla por su ausencia: si los diálogos resultan tan inconexos y las ideas delirantes tan...delirantes es porque el director creyó que al generar una espiral demente dentro de ese hotel campestre su obra ganaría en consistencia, y ocurrió todo lo contrario.
Desprolija, desfazada, Bug encuentra puntos altísimos en la actuación de todos los actores, pero estos no pueden levantar por si solos esta maraña de trama que se pierde en la misma enajenación que narra.
Juan Rúas 
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