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INFERNAL
Ver a Clint Eastwood vestido de vaquero y empuñando un arma es uno de los placeres más grandes que puede proporcionar el cine, pero… ¡si encima la película la dirige él! ¿Se le puede pedir algo más a la vida?
En el que fue su debut como director de westerns, Clint nos regala una película sombría y, de a ratos, desconcertante, en especial por las características del personaje principal.
A pesar de tratarse tan sólo de su segunda película como director, Eastwood ya evidencia su genio detrás de las cámaras, y demuestra que, filmando películas del oeste, no tiene nada que envidiar a Hawks, Ford, Peckinpah o Leone (aunque es indudable la influencia artística de este úlitmo).
El ejercicio de narcisismo que Clint Eastwood ejecuta en este film (porque, sí, es el más narcisista de sus films) es de lo más curioso. Y lo es porque en esta historia todos son malos: los malos que regresan al pueblo son malos, los buenos que dirigen el pueblo también son malos, y Clint es el más malo de todos. Lejos está del recto pero justiciero pastor de “El jinete pálido”, o del vengativo pero noble personaje de “El fuera de la ley”. En “Infierno de cobardes” Eastwood interpreta a un despreciable cabrón, a un patán piojoso que llega a un pueblo, liquida a quien se le da la gana y se acuesta con cuanta mujer se cruce en su camino, quiera la fémina o no. Un crack.
Más allá del guión (aceptable), las interpretaciones secundarias (ídem) y el montaje (notabilísimo y leonesco, a la italiana) la principal virtud de este director increíble está en insinuar en todo momento una presencia infernal, tanto en el personaje como en todo lo que rodea al pueblo. La importancia del fuego como elemento visual es algo que Eastwood utiliza de manera fenomenal en la última escena, que, al igual que la de “Sin perdón”, resulta de lo más apocalíptica. En cualquier caso, el último plano y las palabras finales del forastero justifican en cierta medida sus crueles actos durante su estadía en Lago-Infierno.
Quiero destacar el aspecto que Eastwood se echó encima para esta película. Está barbudo, mugriento a más no poder, sudoroso, y hasta logra transmitir parte de su insoportable hedor al espectador. En mi opinión, nunca estuvo mejor plantado un vaquero en la pantalla de un western.
Me gustó bastante la banda sonora sombría e inquietante y, por supuesto, las escenas de tiroteos y explosiones, algo en lo que Clint siempre demostró ser un maestro. Genial la paranoia de los sueños y los recuerdos del sheriff muerto a latigazos.
Crudo y magistral western de Eastwood, el primero de una tetralogía memorable. Toda la maestría del gran cineasta y un desarrollo argumentativo original y cadencioso.
Gracias, Clint. No te mueras nunca.
LO PEOR: El narcisismo galopante.
LO MEJOR: Que Clint se carga a un montón de gente.
LEANDRO PINTO 
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