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La belleza no necesita palabras
Pocas veces vemos cómo se puede expresar poesía sin escribir un solo verso. Ki-Duk Kim lo logra, una vez más, con una película sencilla, pero intensísima.
La historia transcurre en un barco, sin más escenarios: un viejo cascarón y el océano. Y no necesita más. Es una historia de posesión, de soledades, de sumisión, de rebelión y de amor. Y es toda ella un precioso canto a la existencia.
El final de la cinta, es, con mucho, lo mejor rodado. La historia sorprende gratamente, y acaba dándole ese toque especial que hace que salgas del cine sin decir una sola palabra, y sin querer que nadie te moleste con comentarios vacuos. Sales del cine aún paladeando el buen sabor que te ha dejado.
Es una obra de arte, una poesía hecha cine sin la necesidad de decir una palabra para hacerla bella.
Heferstion 
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