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ORIENTE (MUY) PRÓXIMO
Oriente Próximo nos ha obsequiado en la última década con magníficos filmes (muchos de ellos de coproducción europea) que nos abren las puertas a sus diversas culturas desde dentro, invitándonos a compartir la mirada de autores que, a pesar de haber crecido y respirado en un mundo, en muchos aspectos, diverso al nuestro, narran las vivencias de personajes con aspiraciones no muy lejanas a las de cualquiera de nosotros: buscar su lugar en el mundo y habitar en él del mejor de los modos posibles. Este es el caso de obras de calidad como “Un tiempo para caballos borrachos” (2000), “Osama” (2003), “Las tortugas también vuelan” (2004) o “Paradise Now” (2005). Sin embargo, todas estas películas tienen un fuerte denominador común: se trata de historias terribles, desgarradoras, estremecedoras. Es en este punto en el que se hacen necesarias también películas como “Caramel” (2007), que, desmarcándose de la crudeza del registro de las anteriores, nos sumerge en la misma región del planeta a través de personajes cuyos miedos, esperanzas y sueños transcurren en un contexto, al menos en apariencia, menos próximo a guerras, atentados, violencia extrema u ocupaciones.
Este primer largometraje de Nadine Labaki, el cual también protagoniza y coescribe, supone, a través de las historias de cinco mujeres que comparten sus vidas en un centro de belleza de Beirut, un hermoso acercamiento a una sociedad a mitad de camino entre oriente y occidente. El local en cuestión ejerce de testigo privilegiado de la convivencia de diferentes generaciones de mujeres libanesas, de sus relaciones, confesiones y ambiciones. Mujeres de no sólo diferentes edades, sino también de diversas condiciones religiosas, morales o sociales, que charlan desenfadadamente de belleza, matrimonio o sexo. Cada uno de los personajes principales, interpretados por actrices no profesionales, deberá enfrentarse a sus propios fantasmas, ya sea la soledad producto de un desengaño amoroso, la batalla perdida contra el tiempo y el envejecimiento, la decisión entre la búsqueda de la felicidad o el sometimiento al peso de la responsabilidad o el miedo a contradecir unas convicciones sociales férreas en forma de tabú.
“Caramel” es una amable muestra de cotidianeidad, amistad e intimidad. Todo el film cuenta con una estética visual potente, hermosa y cuidada, cromáticamente intensa e irradiante de sensualidad, tal y como la voluptuosa Layale (interpretada por la propia Labaki) y su mirada magnética, intensa y hechizante, aunque siempre melancólica. Como en todas nuestras vidas, coexisten escenas entrañables, como la de la conversación simulada entre Layale y el benévolo policía o los románticos encuentros encubiertos entre Rima y su hermosa clienta, y escenas conmovedoras, como la maquiavélica prueba de casting de Jamale o la relación entre la costurera Rose y su hermana Lili; todas ellas maravillosas y siempre acompañadas de una hermosa banda sonora. Sin duda, “Caramel” es un dulce de deliciosa degustación.
Eloy Van Cleef 
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