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Sabor a cine
Aunque no soy muy amigo del cine de época, este film se encuentra entre uno de mis preferidos, por varios motivos, los cuales expongo brevemente, esperando que sean de utilidad tanto a los afortunados que todavía no la hayan visto, como a quienes se estén relamiendo por haberlo hecho.
En primer lugar, el protagonista. Omar Sharif deslumbra con su mirada cándida en cada escena. Aunque su personaje es un filántropo, bondadoso y cálido, si no lo fuera, seguiría consiguiendo la simpatía del espectador, por irradiar esa ternura con sus ojos. Su mirada es tan cinematográfica como la de Sean Conery, Brando, etc. Son actores con características innatas, independientes de su arte interpretativo, y Omar Sharif en esta película lo aprovecha a la perfección. El resto del reparto, como ocurre con las grandes obras, está a la altura. Creo que es la única película en la que Julie Christie me gusta, y es otra de las tantísimas en las que Alec Guiness brilla a pesar de representar un personaje insignificante.
En segundo lugar, la dirección es colosal. Pocos hombres serían capaces de gestionar una película tan densa con tamaña maestría, permitiéndose incluso el detenerse en los detalles. Para ello, además de un genio, hay que ser un dictador. David Lean cumplía con ambas características (la mujer que entrega al niño con el tren en marcha fue atropellada por éste, ante la insensibilidad del director que ordenó continuar con el ritmo del rodaje).
En tercer lugar, las escenas de la parte final de la película, en el palacio de hielo de Barikino, son de una calidad visual y poética que lo sitúan en el máximo nivel de una obra de arte. Son el éxtasis en el que confluyen todas las historias contadas a lo largo del metraje. La política, con el fin de una era social en Rusia; la familiar, donde el poeta es querido pero no satisfecho; y la aventura amorosa, con su halo de pasión ilógica. Todo termina en Barikino, regado con la maravillosa banda sonora, con balalaica incluida, de Maurice Jarre.
En fin, película que deja una esencia imborrable en la retina, el oido y el corazón.
Munny 
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