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Marionetas.
El destino es cruel, caprichoso, terrible, misterioso y amenazador. El destino es maravilloso, ciego y luminoso como la sonrisa de Verónica, el destino se entrega sin reservas y nos arranca el alma con la misma facilidad que alguien tapa con el manto del olvido una marioneta muerta en esa representación extraña que es la vida. Kieslowski intuye todo eso y nos lo muestra con imágenes de genio místico que busca desesperadamente una respuesta a lo desconocido. Esta película lleva al extremo las obsesiones del autor polaco regalando a Irene Jacob un personaje digno de ser observado tras la cortina del tiempo de los sueños, esos sueños que desgraciadamente nunca conseguimos atrapar, pero que sabemos que tarde o temprano volveremos a tener. Todos tenemos una doble vida, la que nosotros mismos nos dibujamos y la que alguien de no sé donde nos tiene preparada. Hay que saber mirar, al cine y la cielo.
vogler 
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