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CRUDA Y ESTILIZADA, PERO SIN HUMOR!!!
Con NO ES PAÍS PARA VIEJOS sabía, desde el segundo 1, que estaba asistiendo a una obra maestra. La suma de elementos artísticamente ensamblados creando un todo perfecto como un engranaje se lograba con esta historia de corrupción y violencia. Todo en ella es brillante. Sin embargo, no logré, en ningún momento, dejarme arrastrar por el relato. No me enamoré de una historia potente, no me sedujeron sus personajes oscuros, no me involucré con su trama inquietante, con su ambientación seca y crepuscular, no pude dejar de percibir que toda esa brillantez quedaba lastrada por una frialdad excesiva.
Aún reconociendo su perfección formal, ese dominio técnico, la pericia al trasladar en imágenes una novela que se me antoja compleja por su densidad emocional, una riqueza expresiva y la soberbia dirección de actores, me faltó algo crucial, básico, esencial, para creerme que estaba viendo una cinta de los Coen: el humor. No lo encontré por ningún resquicio de esa Arizona brutal y desquiciada; no pude captar la sorna y la gamberrada que brillaba en SANGRE FÁCIL, o en BARTON FINK, o en FARGO, o en EL GRAN LEBOWSKI, o en EL GRAN SALTO, o en EL HOMBRE QUE NUNCA ESTUVO ALLÍ. Los hermanos Coen ofrecen su maestría absoluta e indiscutible al servicio de un viaje a los infiernos de la condición humana. Algo que ya dominan. Lo mismo que han hecho antes. Muchas veces. Pero esta vez sin humor.
Pese a todo, supe siempre que me encontraba ante una joya pulida y refinada, ante la más perfecta criatura de los directores y ante lo mejor de los últimos años. Reconozco que esa desnudez formal es la más apropiada vestidura para el cuerpo narrativo. Este trayecto de sangre y agresividad, de polvo desértico y pólvora, de huídas y persecuciones, de venganzas sin redención nos golpea a bocajarro, se hace vibrante, peligroso, demoníaco, nos empapa de su bestialidad...eso sí, depurada, perfectamente calculada y, al final, deshumanizada. Pude ver todos sus actos violentos como nunca antes en el cine de estos autores. Pero detrás de ellos no vi carne. No he visto pasión.
Tendré que darle una segunda oportunidad a esta última muestra de buen cine. Volveré a sentir el sudor de Josh Brolin huyendo en esa espiral de violencia y horror que se desata; supongo que volveré a percibir el signo de lo diabólico bajo el el rostro impasible de un Bardem ahogado en premios; con toda seguridad volveré a quedarme atónito ante el derroche de talento del maestro Tommy Lee Jones -su plano final es lo mejor de la película-; espero encontrarme de nuevo con ese círculo de sordidez asfixiante, con ese trágico itinerario donde las víctimas no son menos siniestras que sus perseguidores, con ese árido y perturbador aroma a muerte que te deja sin aliento.
TRAVIS_BICKLE 
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