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SEXO ENTRE DESCONOCIDOS LACÓNICOS
Basada en una obra de Kureishi, pero no en la novela “Intimidad” (inquietas divagaciones de un guionista en la víspera de abandonar a su mujer e hijos) sino en el relato corto “Nightlight”, en el cine francés esta película comparte con “El último tango en París” (Bertolucci, 1972) y con “Una relación privada” (Fonteyne, 2000) el planteamiento básico de una pareja de desconocidos que se reúnen regularmente para follar, sin más; con ansia, con hambre, desechando la conversación. Pero, a diferencia del enfoque cargado de patetismo de la primera, o del elíptico de la segunda, el de “Intimidad” es crudamente naturalista, sin artificios ni esteticismo. Aunque hay varias escenas muy directas, también la atmósfera erótica se reduce a mínimos, apagada en el sórdido ambiente de clase media baja del oeste de Londres, con característica moqueta poblada de ácaros, tiras de papel pintado que se despega, manchas de humedad y cacharros con moho apilados en el fregadero.
La descripción de los acoplamientos entre los nada apolíneos protagonistas tiene bastante más frialdad de reportaje que temperatura de ficción porno.
Y cuando, a partir de ese grado cero de la comunicación humana, uno de ellos sienta curiosidad por saber cómo es la vida del otro en el tejido social, fuera del piso donde se reúnen, sensaciones e impulsos darán paso a emociones abrumadoras: crueldad, desesperación y soledad, exacerbadamente.
La actriz Kerry Fox da a su personaje una autenticidad perturbadora, contribuyendo al voltaje final de la película.
Conclusión: melancolía.
Archilupo 
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