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Humanizando a los pederastas
Si el cine ya ha humanizado a asesinos, mafiosos, ladrones, violadores, terroristas y demás congéneres del lado oscuro, ¿por qué no a un pederasta?
El punto de vista habitual ha sido el de la víctima con el drama de fondo ("Sleepers", "Celebración" o telefilmes al uso) o en su vertiente cómica-morbosa-desagradable capaz de arrancar una carcajada: "Palíndromos", "Happiness", el gag con el cura de "Scary movie 3" y especial mención para algunos episodios de “South Park”. En uno de ellos, el profesor Garrison tenía un trauma infantil no superado ya que su padre no abusó sexualmente de él cuando era pequeño y cuarenta años después le propone a su padre que lo viole en la oscuridad de su dormitorio ¡¿?!
Nicole Kassell lo tiene claro desde el principio. La mejor manera de empezar a humanizar a un pederasta y que el espectador se “solidarice” con su causa es una: quiere curarse y reintegrarse en la sociedad que lo repudia. Si se le añaden algunos elementos para convertirle en víctima mejor: una hermana que no le puede ni ver, un cuñado que le tiene a prueba y le mataría si le hiciese algo a su hija, un policía que le sigue los pasos y le trata como una escoria, problemas en el entorno laboral ante un posible descubrimiento de su pasado y un nuevo amor en forma esperanza y compresión.
Aunque lo mejor de “El leñador”, aparte de la interpretación de Kevin Bacon basada en la contención, es ese triángulo que se estable entre Caperucita Roja, el Lobo y el Leñador. También en plantear al espectador la posibilidad de perdonar a un pederasta, más bien a “este” Lobo con aspiraciones de Leñador.
Aunque se me plantea una pregunta: ¿todos los personajes de “El leñador” han sido violados por padres o familiares? ¿O era necesario para que “cuele” la historia sobre la redención de un pervertido criminal?
Maldito Bastardo 
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