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Las dos caras del Oeste
Quien me conoce sabe que a Ford le adoro con reparos. No me parece intocable, como cualquiera de sus compañeros tiene sus películas que no me entusiasman. Era sexista, homófobo y racista; y la verdad es que no en pocas de sus películas se pueden apreciar estos “atributos”. Pero como bien me dijo un amigo que conoce muy bien el western: ¿No es acaso el Oeste así?
Y lo es. Y también es bello, es reflexivo, es dolor por las perdidas incomprensibles, es amor escondido en los recovecos que deja el viento sobre las rocas, son canciones que suenan a mejores tiempos, son las ganas de superación de la raza humana, los aullidos que encolerizan el ganado, las esperas bajo el porche de la barbería, las condenas eternas, los güisquis peleones, los “tequiero” susurrados, los silbidos de las Winchester y los abrazos sentidos. Es la otra cara del Oeste, es la cara de “My darling Clementine”.
Chagolate con churros 
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