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Me ahogo y ni la maniobra de Heimlich me devuelve el aire
Victor es un adicto al sexo. Se dedica a meterse cosas por el culo y a follar en los aviones (en la novela explica que dependiendo del avión, las posturas cambian).
Sam Rockwell, cuya constante cara es como la que pones cuando te dan una patada en los huevos, no se peina en toda la película, no se le ve el pito, y las escenas de sexo explícito son inexistentes. Aviso para navegantes, curiosos de intimidades y sexólogos en ciernes.
A Victor también le gusta ser rescatado. Adoptado tras la maniobra de Heimlich. Pero esto en el guión, está torpemente explicado y sobre todo, como en toda la película, mostrado con demasiada aceleración.
Podemos ver a Angelica Huston en uno de sus peores papeles. Peor cuando hace de joven que cuando padece Alzheimer. A Rockwell casi le perdono su cara de pardillo, le pega al personaje, aunque por mover las cejas no se iba a despeinar (más de lo que ya estaba). Kelly MacDonald está sosa y el resto es superfluo.
Realmente no hay casi nada que reseñar. Lo único, unos cuantos pechos, y no creo que valga la pena pagar la entrada por ello al no ser que seas un adicto al sexo.
Chagolate con churros 
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