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El amor duele (aún en la fantasía)
Exquisita película, de gran delicadeza, inmensamente bella. Una melancólica interpretación del amor, del gran amor, ese que nuestro corazón añora. Y que duele.
No es fácil tratar el tema del amor sin caer en la cursilería, como tampoco es fácil encontrar buenas películas de amor. Esta película recrea un relato de amor delicado, apasionado, refinado, sumergiéndonos en una atmósfera sugestiva, que deleita nuestros sentidos.
El relato no es lineal. Se presenta como una suerte de rompecabezas de una historia que deberemos ir "reconstruyendo", guiados por la cautivante voz del personaje de August, el escritor. La historia mezcla la fantasía con la realidad. En rigor, no sabemos si estamos frente a una historia real o a un sueño del escritor. Esto de todos modos no nos interesa, ya que finalmente lo que se nos cuenta es que el amor duele, que el amor nos puede hacer sentir perdidos y desorientados.
Más allá de esta experimentación en el tratamiento del relato (por su no linealidad), lo que fascina de esta película es su bellísima fotografía, de grano grueso, que resulta tan expresiva y sugestiva, creando una atmósfera sensual y de ensueño en escenarios mayormente nocturnos de una magnífica Copenhagen. A la par de estas imágenes tenemos una banda de sonido también cautivante, y que acompaña muy adecuadamente el tono visual.
Las actuaciones resultan también exquisitas. Maria Bonnevie está increiblemente hermosa, sutil; irradia delicadeza y misterio, y Nikolaj Lie Kaas también está muy bien como el contrapunto masculino y ambos conforman una pareja que funciona a la perfección. El personaje de August, hombre maduro y atormentado por los celos, está espléndido.
En suma: placer puro. Cine de lo mejor, una bocanada de aire fresco. Una extraordinaria experiencia visual y sensorial.
urbana 
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