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Un pastel delicioso
Vengo observando en Wong Kar-Wai cierta tendencia a la sobreescritura, a la aliteración, a la repetición obsesiva de una misma jugada. Me estoy refiriendo, como no, a aquella magistral jugada que trazó el hongkonés en el 2000 y que lleva por nombre “In the mood for love”. Una jugada cuya poderosa inercia creativa le reportó suficiente crédito como para rodar una correctísima (aunque inferior) secuela denominada “2046”. Considero, sin embargo, que “My blueberry nights” manifiesta desgraciadamente el inexorable desgaste de una fórmula que no da para mucho más. No porque su despliegue audiovisual evidencie síntomas de laxitud sino porque su discurso poético pierde profundidad y vigor a marchas forzadas. Y es que, lo lamento, pero esa pretendida búsqueda de identidad que emprende Elizabeth (Norah Jones) a través de la ruta 66 ni me convence ni me apasiona. Aún así, he de confesar que he disfrutado de lo lindo con el montaje estético de Wong y con la seductora y sugerente voz de su protagonista. Es más, permitidme un silogismo. Si “My blueberry nights” fuera un delicioso pastel de arándanos, ¿qué sería Wong?.
Elemental, querido Watson: uno de los mejores pasteleros del cine actual.
Taylor 
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