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Cuento valedero para superación personal
Erase una vez, en un país muy lejano, un amable caballero que fue a su cita trimestral con su doctor en una agradable mañana primaveral. Tras un interminable y angustioso rato sentado en la sala de espera, una joven enfermera pronunció su nombre. El anciano, al oír la llamada, se dirigió a la consulta resoplando por puro pavor; y es que, a quién no le preocupa oír las palabras de un sanitario cuando el tema de conversación será su propio cuerpo.
El caballero, petrificado quedose, al recibir la terrible noticia de boca de quien estudió su más íntimo interior; - Señor, usted está malito.
De vuelta a casa, afligido por la noticia, el señor pensaba en hechos tan maravillosos pero tan desapercibido por quien tiene aún años que gastar; - ¡Pero qué rico está un baso de agua! ¡Qué sabor! ¡Qué textura! - pensaba mientras la agonía corroía su alma.
El buen hombre, pensó que la vida es injusta además de dolorosa. Así, de esta manera y sin anestesia, decidió ponerle punto final.
Pero para sorpresa del caballero, comprobó en primera persona que el cuerpo humano es tan frágil como complejo. Tan delicado como fuerte. Y ahí en ese preciso momento, por curiosidad o por aburrimiento, quiso poner a prueba la capacidad del ser humano. Pero no le bastaba con ver el "¿Quiere ser millonario?". Él quería ir un pasito más allá. Quería ver otro tipo de resultados para calibrar nuestra capacidad de reacción. Aquel hombre, que no creo que fuese malo si no más bien curioso, se montó un parque de atracciones casero pero con un poquito de mala uva. Entre el hueco que le dejaba libre el ir a pagar la luz con prepararse el almuerzo, aquella criatura de dios compró materiales en una cerrajería, una armería, una tienda de informática, una farmacia... Y haciendo gala de una extraordinaria grandeza, en vez de meterse en cama y lamentarse, puso en marcha la construcción de su extraño invento.
Admirable señores. Si alguna vez me amarga el día un doctor, siempre pensaré con admiración en esta persona, que lejos de rendirse y autocompadecerse, demostró que siempre hay cosas interesantes que podemos hacer.
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Hay películas que van directamente al videoclub sin pasar previamente por las salas; Saw 2 tenía que haber sido una de ellas. Y no por lo inverosímil de la trama, porque a fin de cuentas el cine es cine. Si no por lo aburrida y floja que resulta.
El final al más puro estilo "Falcon Crest" ó "Dallas". Con lo más interesante para el próximo capítulo.
JuanCádiz 
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