|
Uno de ellos
No alcanza la grandeza ni la magnitud de “El Padrino” y “El Padrino II”, pero le falta poco, muy poco. “Uno de los nuestros” es un peliculón incuestionable, un auténtico monumento al universo de la mafia que, lógicamente, forma parte ya -con derecho propio- de esa mítica antología del más puro y genuino cine negro.
Resulta absurdo y gratuito rezar las excelencias de esta peli. Cualquier cinéfilo de tres al cuarto sería capaz de reconocerlas y flipar con el genio de Scorsese. Con su ritmo trepidante, con su prodigiosa capacidad narrativa, con su impecable aprovechamiento de recursos como la voz en off o la banda sonora, con la determinante elección de sus estrellas... Proclamar todo ello resulta casi ridículo, salta a la vista. Sin embargo, “Uno de los nuestros” atrapa y fascina porque alcanza un nivel de complicidad con el espectador absolutamente rotundo. Asistimos a la ascensión, auge y declive de Henry Hill (formidable Ray Liotta), sumergiéndonos decididamente con él en ese submundo al margen de la ley con sus propios ciclos, objetivos, operativas, tradiciones y códigos de honor manifiestamente estipulados.
Y, por si fuera poco, el inefable Martin nos recompensa con todo aquello que los amantes del cine de mafiosos anhelamos hallar en una peli de mafiosos: glamour, tacos, gomina, trajes y zapatos caros, algo de sexo, arrogancia, violencia, sangre, spaghettis y salsa de tomate. Mucha salsa. En abundancia.
Taylor 
|