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Excelsa aberración
Takashi Miike pasa por ser, a la vez, tanto uno de los directores más incomprendidos del panorama actual como uno de los más valientes. Incomprendido porque pocos estómagos aguantan el aluvión de casquería al que religiosamente nos somete el nipón en casi todos sus trabajos, y valiente porque pocas personas con perversiones o desvíos reprimidos son capaces de mostrarlos a la luz y, además, hacer de ellos un arte.
"Audition" está claramente dividida en dos partes; la primera tan perfectamente formal como aburrida y la segunda -mucho más corta- de un impacto visual intachable, una narración sublime y una originalidad desbordante en forma del terror más grotesco que el que escribe recuerda en mucho tiempo: mutilaciones, tortura, miedo a la censura de los demás y perversión sexual, son los ingredientes para conformar un relato que se fundamenta en el sufrimiento que provoca el amor elevado exponencialmente en forma de metáfora.
Tres meses antes del estreno de "Audition", "Ringu" inauguró un subgénero que venía a defenestrar el "Imperio Adolescente" hollywoodiense. Después, Takashi Miike nos regaló los 20 minutos más intensos de la historia del cine de terror. Así pues nadie puede discutir que 1999 fue un año mítico para este tipo de cine. Algo tendrá Japón que ver con ello.
Bardo the Archer 
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