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Porque, en el fondo, todos somos idiotas.
Francis Veber, espléndido guionista y director francés de cine y teatro, se adaptó a sí mismo en el cine, llevando su exitosa obra teatral al cine con otro enrome éxito. Con una dirección acurada, dinámica y con un estilo muy teatral, Veber concierne una de las mayores comedias de los últimos años con mucha gracia y esmero.
El guión es ingenioso, redondo, divertido y con lugar para la reflexión. Llena de gags inteligentes, humor fantástico y situacioens rocambolescas (inolvidables las llamadas teléfonicas), la historia propicia una succesión sinfín de enredos al más puro estilo clásico. Los personajes están muy bien trazados (la pareja protagonista y todos los grandísimos secundarios como el inspector Cheval) y trata un tema como el hecho de comportarnos como unos idiotas con gran facilidad y sin hacer profundas refelxiones, tan sólo un retrato simple (pero no por ello menospreciable).
Las interpretaciones son pletóricas. Thierry Lhermitte y Jacques Villeret forman una pareja excepcional, sobretodo Villeret que hace de idiota con gran magnificiencia. El elenco secundario es muy bueno destacando Daniel Prévost (como el genial inspector de Hacienda), Francis Huster y Catherine Frot (la Odette de otro film fracnés).
La parte técnica destaca por una música ágil y perceptible, una buena fotografía parisina y una dirección artística notable.
En general, se constituye como una de las mayores comedias de los últimos años (en tan sólo hora y cuarto) gracias a la genialidad del guión y a unas actuaciones memorables.
(((Para amantes de las comedias de enredos)))
Lo mejor: Las llamadas telefónicas
Lo peor: Que no haya una segunda con la cena real
Alain Garrido 
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