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Para usar una única vez
Como los vestidos, es de uso único para una mayoría del público, no les daría más, lo hacen casi hasta por compromiso, pero puede que con todo no guarden un mal recuerdo de la boda. Otros ni eso, intentarían huir ante la posibilidad de ser dama de honor como alma que lleva el diablo. Para una minoría, sin ánimo de desprecio ni intención de ridiculizarles en la plaza pública, será una grata experiencia que repetirían muchas veces, ¡hasta 27!
Yo me englobo en la mayoría, para no desentonar en el banquete de boda. La he disfrutado, ha habido momentos buenos, y he conocido gente maja, pero no lo repetiría. Y es que sabes en todo momento qué va a pasar después, y aunque tenga su gracia no sobrevivirías a los mismos chistes del gracioso de la fiesta. Eso sí, en el momento, la alegría generalizada ha conseguido empaparme.
Lo mejor seguramente la novia, así como su vestido, hecho plenamente con caligrafía, pese a no ser una idea del todo novedosa, es apropiado, y tampoco es que se haya abusado de él tan a menudo como para despreciarlo, siendo muy correcto.
Me ha sorprendido, no debo decir que gratamente, la orquesta. Y es que ahora repasando la invitación veo que ha sido Randy Edelman, y apenas lo he notado, tan sólo han destacado las canciones... una pena, fue un maestro en aquella otra boda, tan curiosa, entre un dragón y su cazador.
Malcolm Doyle
Komond Deckard 
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