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EL CAZADOR DE MUÑECAS
Indiferente y decepcionado me ha dejado la única experiencia de Charles Laughton como director. Una película tan sosa como insustancial, en la que el director, además de presentar unos conflictos ridículos e inverosímiles, los resuelve luego de la manera más cutre.
La historia no me la creo en absoluto. Apoyada (o muy poco apoyada) por un guión más bien flojo, nada en las aguas de un argumento vacío y poco definido. Tan sólo es un hombre que, por un motivo muy claro, intenta apoderarse de una muñeca y que finalmente se enfrenta a unos niños y a una anciana con escopeta. La falta de credibilidad hacia la historia radica, en mi caso, en que el director nos presenta al personaje principal como un ser frío e inescrupuloso, a la vez que inteligente. De hecho, tiene detrás de él un pasado que lo define como un ser peligroso; sin embargo, no puede hacerse con la consabida muñeca, en una persecución que saca de quicio al espectador.
La actuación de Robert Mitchum, si bien adecuada para el tipo de personaje, está un poco pasada de rosca. Sus simulaciones ante los crédulos pueblerinos son tan evidentes que resulta increíble que no lo perciban. Sus cantos melancólicos tras el amparo de la noche le dan ese toque sombrío y taciturno que Laughton intenta endilgarle, pero en el fondo, si lo analizamos bien, no es un personaje completo ni sólido.
En definitiva, una decepción me he llevado con este clásico, tan encumbrado por muchos, pero que a mí se me ha hecho hasta aburrido. Tiene algunas cosas positivas, como ciertos momentos de atrapante tensión y, de alguna manera, la original forma de Laughton de llevar la narración; pero nada hace que su proyección me resulte agradable.
LO PEOR: Los conflictos y las encrucijadas del argumento; nimias y banales por completo. Sus soluciones; tan poco creíbles como los anteriores.
LO MEJOR: La ambientación no está del todo mal. Nos deja, eso sí, a uno de los malos más perversos de la historia del cine.
LEANDRO PINTO 
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