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Rumbo a la campiña
El título es un guiño evidente a la famosa obra de William Shakespeare, El sueño de una noche de verano. Pero, contrariamente a lo que pueda deducirse, no es La comedia sexual de una noche de verano una película en la línea de Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo..., sino una muy agradable comedia en la que Allen reflexiona sobre la falta de satisfacciones pasionales de un grupo de la clase burguesa de un Nueva York moderno. Bajo la relajante música de Felix Mendelshon, Allen se desplaza lejos del mundanal ruido e instala a sus protagonistas en una cabaña de las afueras de la ciudad para que despierte en ellos un aletargado deseo amoroso.
Lo que despertará en cada uno será efectivamente el deseo, pero en el camino equivocado, hacia la pareja ajena. Los personajes, lejos de sentirse satisfechos con lo que tienen, se desatan en una carrera por explorar y, si es posible, conquistar, distintos territorios. En medio de todo, los actores se internarán por los bosques de sus conciencias, hablarán de los inventos creados por Allen, como la bicicleta volante, y florecerán taimados juegos de seducción.
La comedia sexual de una noche de verano cabalga en la frontera de la comedia ligera y el melodrama sentimental. También hay apuntes de Bergman, si bien es cierto que son reconocibles en la película muchos de los elementos del cine Allen. Quizá algo deslabazada, La comedia sexual... supone una válvula de escape del director norteamericano, un nuevo intento por internarse por distintos derroteros a los habituales, que puede que dejen descolocado algunas veces a quien se apresta a verlo por primera vez.
cassavetes 
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