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Digan Whisky, por favor.
WHISKY es una de esas películas que puede llegar a irritar, a molestar; o a fascinar, como es mi caso. La conclusión parece clara, si son impacientes, activos y nerviosos, no la vean, la odiarán al máximo.
Y es que WHISKY son dos horas tomadas de la vida de tres personas, y digo personas y no personajes, personas con sus tristes vidas, simples, como gente común, nada fuera de lo habitual, donde la rutina es vida, y los segundos son obstáculos a salvar.
En esa rutina hecha cine, los mismos actos se repiten una y otra vez como lo hacen en nuestras vidas, porque si, objetivamente, hiciéramos un filme de nuestros días, no sería muy distinta de esta compleja película envuelta en una capa de simplicidad, con actores semi-profesionales y pocos diálogos a los que acogerse.
Digan Whisky, por favor, ante esta obra áspera, ante esta pequeña maravilla, ante la triste vida que nos rodea y quedémonos con su mensaje: con una vida que tenemos aún por empezar.
jesus (of suburbia) 
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