|
Canto a la vida
Roy Batty, un "replicante" que amaba la vida más que los mismos humanos terminaba su paso por el mundo de los vivos sin que muchas de sus preguntas hayan sido contestadas con un ya famoso monólogo. Y aunque es cierto que Blade Runner es una versión libre de la obra en la que se basa, no deja de perder su esencia: los deseos, anhelos e interrogantes del ser humano reflejados en unos replicantes más humanos que los mismos humanos, constituyéndose de esta forma en una perfecta radiografía de lo que sucede en nuestro interior, en un reflejo de lo más profundo de nuestro ser, de lo que nos diferencia del resto de seres vivos. Todo esto lo logra gracias a su atmosfera humecida por la lluvia, dónde apenas se ve el sol, su estética "ciberpunk", mezclando tecnología y existencia marginal, y su magnífica banda sonora compuesta por Vangelis (por sí misma se merece otro comentario), que nos hace sumergirnos en lo más profundo de nosotros mismos, llegándonos a plantearnos las mismas cuestiones que sus protagonistas.
Pero sí por algo destaca Blade Runner es por la atemporalidad de sus naturaleza: pasado, presente y futuro se funden en un mismo conjunto que se conforma perfecto en forma y contenido. Se acerca al pasado a través de referencias literarias, bien biblícas, bien de la poesía de William Blake, a través de simbolismos religiosos, o referencias dramáticas del más puro cine clásico y negro. Y se acerca al futuro dónde la alta tecnología resplandece, si bien el resto es decante, viejo y marginal. Si a esto le unimos las implicaciones éticas del dominino de la ingenieria genética, el alto grado de paranoia, los diferentes reflejos de diferentes aspectos de la sociedad norteamericana de los 80 o los problemas de movimientos de población; tenemos ante nosotros una de las obras de ciencia-ficción más completas de la historia, y cuyo guión (a pesar de los cambios de guionista) ha sido elaborado de forma perfecta y sin fisuras.
Como bien predijo Philip K. Dick poco antes de morir, Blade Runner cambiaría la manera de ver películas, y así ha sido, se ha convertido en un clásico inmortal desde su nacimiento, una obra de referencia para directores y creadores fascinados por una obra tan perfecta, y a pesar de las reticencias de crítica y público en su momento, el tiempo le ha dado lo que se merecía: un lugar en el olimpo de los inmortales. Finalmente, tanto la película como su esencia no se ha diluido en lágrimas de lluvia, cómo predecía el replicante Roy Batty, sino todo lo contario, se ha mantenido viva y le quedan muchos años por delante, consituyéndose en un canto a la vida que perdurará para siempre. Y es que gracias a esta película cuando termine de escribir estas líneas, abriré el cajón dónde tengo guardadas mis fotos y me pondré a contemplar todos esos recuerdos y sentimientos envueltos en ellos, para nuevamente sentirme vivo. Gracias Blade Runner.
jazzman
|