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Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver
Muy tocado escribo esta crítica, después de ver, por fin, Flores Rotas, la última de Jim Jarmusch. Y voy a intentar no extenderme mucho, y ser concreto, porque decir demasiado de ella sería, probablemente, equivocarme.
Flores Rotas es una gran película. Partiendo de la rotura del mito de Don Juan, es una gran película acerca del Ubi Sunt, de cómo la vida nos cambia a todos, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. A través de los geniales y terriblemente expresivos silencios de Bill Murray, que vuelve a estar maravilloso, nos trasladaremos de un lugar a otro, de una vida a otra, entre historias que apenas se apuntan, que son justas y suficientes, pero que dejan un regusto tenue y amargo en la boca.
Esta película es amarga, de eso no hay duda. Pero es justo eso lo que la hace una buenísima película. Jarmusch ha sabido aprender muy bien de gente como Carver, ha aprendido a sacar trozos de una realidad y mostrárnolas tal cual es. El director es un maestro en el mostrar, si se me permite la redundancia. Y también es un maestro de los símbolos, y de los relatos cortos; algo que ya demostró en su también magnífica Coffee and Cigarettes.
En definitiva, la hora y tres cuartos de película pasan en un absoluto suspiro, en el que ves a Bill Murray deambular de acá para allá, encontrándose con un pasado que no recordaba, enfrentándose también a sí mismo en la figura de cuatro (tal vez cinco) mujeres. Enfrentándose a todas ellas con un ramillete de flores rosas en la mano, dejándolas con una genial banda sonora de jazz etíope en su Ford Taurus.
Flores Rotas es una película que hay que ver. Tal vez muchas veces. Una película para recordar, y para no olvidar, que no es lo mismo. Una película para paladear con buen vino, para escuchar al terminar aquel maravilloso verso de Sabina: al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.
Eddie Crane 
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