Estas "pequeñas" películas que, de cuando en cuando, nos llegan desde cinematografías alejadas de los centros neurálgicos de la producción y la distribución, nos devuelven el placer del cine. Es decir: imágenes, palabras, historias, música, sentimientos... cultura, en definitiva. Demuestran que los efectos especiales están muy bien, son muy divertidos en determinados momentos... pero no lo son todo. EL CINE es esto: tres o cuatro localizaciones bien estudiadas; unos actores convincentes; unos diálogos precisos y concisos (a menos que seas Woody Allen y seas muy muy gracioso) y, sobre todo, sobre todo, una historia. Una historia cerrada y, a su vez, abierta, para que el espectador participe, para que cree o recree su propia historia, con las imágenes que el director le muestra. Para mí, por ejemplo, esta sencilla historia de valentía y dignidad, encierra una hermosa métáfora que desgrano en el spoiler.
spoiler:
Desde el principio de la película te das cuenta de lo absurdo de la posición del ejército israelí. Con lo sencillo que hubiera sido buscar otra ubicación para la casa del ministro, se empeñan en mantenerla en ese lugar que, si tiene algún atractivo es, precisamente, la presencia, el aroma, el color de los limoneros que pretenden arrancar. Prefieren dejarlos morir y, al final, hasta prefieren el color gris del Muro de la Vergüenza, todo por conseguir una discutible seguridad. Es, como decía, la metáfora de este mundo rico, que se empeña en protegerse contra el pobre, derrochando en alambradas, en muros, en medidas de seguridad, cuando está perdiendo, al mismo tiempo, la perspectiva, la belleza de lo que quiere protegerse. En lugar de paliar su soledad y la tuya, de hacerle partícipe de tu riqueza y de tus privilegios, de hacerle cómplice, aunque sólo sea por egoísmo, y poder así seguir disfrutando de su limonar, que es tu horizonte.
Eso sí... las persianas son automáticas... aunque al levantarlas no entre la luz, sino el gris del cemento... y dentro de la casa, con todo el internet, los inalámbricos, las pantallas de plasma y los muebles de diseño, nos espere la más triste, la más desesperante de las soledades.