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Emocionante historia de amor y dolor, acompañada de una vigorosa afirmación del poder de la palabra
Quinto largo de Isabel Coixet, escrito y dirigido por ella. Se rodó en España (Navalcarnero) e Irlanda, entre el 8/XI y el 22/XII de 2004, con un presupuesto de 5 M dólares. Nominada a 5 Goya, ganó 4. Obtuvo otros 6 premios y otras 4 nominaciones. Producida por El Deseo, se estrenó el 21-X-2005.
La acción tiene lugar en la plataforma petrolífera Genefke, del Mar del Norte, que ha sufrido un accidente con daños personales. Narra la historia de Hanna (Sarah Polley), de unos 25 años, que trabaja en una empresa de transformados plásticos desde hace unos 2 años, sin bajas por enfermedad y sin vacaciones. El director le impone 30 días de vacaciones, que ella aprovecha para cuidar a un herido, Josef (Tim Robbins), en la plataforma petrolífera.
Hanna es una mujer joven, frágil, silenciosa, solitaria y extraña. Su vida encierra una profunda desolación, que afronta recurriendo al olvido, al silencio y al trabajo. Habla poco, porque algunas voces (la de su madre) le recuerdan el pasado y porque no quiere compartir su intimidad. El trabajo la ayuda a olvidar y a huir de si misma. Las vacaciones impuestas la mueven a aceptar un trabajo que no quiere nadie. La ceguera de Josef, el interés de éste por ella, el aislamiento en un lugar semiabandonado y aislado, crean un clima propicio para la confidencia, que la lleva a sincerarse por descuido. Él no la conoce visualmente y no sabrá dónde encontrarla, por lo que no se volverán a ver. Pero el amor es perspicaz, persistente y poderoso. Su presencia hace soportable el dolor y puede curarlo. La voz de una niña que hace las veces de narradora, introduciendo y cerrando el film, aporta un elemento de misterio. ¿Es la hija de Hanna que no nació? ¿Es la hija que nació, pero murió a causa de la guerra? ¿Es un recurso que Hanna emplea para explicarse ante el espectador y ante ella misma? ¿Es la encarnación del amor?
La música recopila canciones de diversas épocas, coherentes con las incidencias de la acción. "La dolce vita", de Ryan Paris, con el reclamo de una palabra de amor, enmarca el inicio de una escena de confidencias. La fotografía cuida con esmero encuadre, dibujo, color y claroscuros. El guión, escrito con admirable pasión por la palabra, sitúa la acción en un mundo aislado, melancólico y opresivo. En éste, el silencio evasivo de Hanna se da cita con la ceguera temporal de Josef y su postración en la cama. La plataforma recuerda la de "Rompiendo las olas" (1996), de Trier. El nombre de la plataforma es el del fundador de IRCT, una ONG de apoyo a las víctimas de torturas. La interpretación de Robbins es magnífica y la de Sarah Polley es excelente en un papel escrito para ella. Destaca Javier Cámara, el cocinero Simón. La dirección construye una narración intimista, intensa y vigorosa, en la que la expresión corporal acompaña una soberbia economía de la palabra.
Singular historia de amor y oportuna afirmación del poder de la palabra. Una mentira de palabra puede contener casi toda la verdad.
Miquel 
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