El señor Meirelles nos presenta aquí dos tramas, y aún no tengo claro cuál es la excusa para la otra: si la historia de amor nos conduce al escenario necesario para la crítica a las multinacionales farmacéuticas, o si ésta es el telón de fondo para presentarnos la relación de dos personajes en principio opuestos, pero unidos por el amor y la mutua fascinación. (Confieso que no he leído la novela, y eso puede ser un punto en mi contra)
Personalmente, me decanto hacia la historia de amor, y pienso que el director también; sólo hay que ver que la trama de denuncia está contada de forma rutinaria, mecánica, llena de lugares comunes en ese tipo de historias, y por momentos parece un publireportaje pagado por alguna ONG. Me sobra la mayor parte de esta trama, hay ratos en que rompe el ritmo de la película.
En cambio, la relación entre los protagonistas tiene vida, con idas y vueltas, saltos adelante y atrás, variedad de estilo... te hace trabajar, te mete en la historia. Y sobre todo me ha reconciliado con Ralph Fiennes, que hace el mejor trabajo de actuación que he visto a cualquiera en los últimos años.
spoiler:
Lo que me cautivó de esta parte de la película, y quizá me hace subir la nota sobre lo que realmente merece, es cómo Quayle va descubriendo de verdad a su mujer cuando ya no le sirve para nada si no es causarle más dolor por su pérdida.
Y el final, emocionante como pocos últimamente.