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Tras los hermosos recuerdos
Allá, hacia 1993, encontré una serie que marcó mi juventud, desplegó mi curiosidad y me identificó con una forma de ver y sentir la realidad.
Luego de nueve años, todo termina, todo concluye. Parte de esas emociones profundas que me despertaba la serie habían muerto también a lo largo de nueve años: amores profundos, los hay; amores eternos, lo dudo mucho.
Y es que cuando algo muere definitivamente, empiezan a vislumbrarse los recuerdos gratos de aquello que más te llenó, son parte de tu historia viva, te complementan desde el pasado, te forman de alguna manera.
Llega esta nueva obra tras años y años de haber desaparecido la serie: de más está decir que jamás podrá competir con aquellos grandes y/o medianos capítulos de X Files. De hecho, se trata de una peli bastante precaria en su producción y que toma inspiración de las pelis clásicas de serie B de ciencia ficción, pero nunca logra despegar y es que, esto es más que una corazonada, creo que tampoco le interesaba hacerlo.
Creo que se trata de volver y volver y de recordar: esta obra es un guiño nostálgico, repetir algo que ha muerto, es un homenaje deshilachado que solo busca abrazar el sentimiento perdido hacia dos personajes que se ganaron nuestra empatía.
Estoy convencido que no pretende resucitar nada, es como la mirada de un paisaje gris con toques de color, paisaje que supo ser un arcoiris en su tiempo.
Es una breve y pequeña demanda al espectador: llénelo usted, con las memorias de lo que supo querer y hasta amar.
Juan Rúas 
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