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La memoria no existe
Adaptación cinematográfica de una obra literaria cumbre del siglo XX, "1984" sigue con bastante fidelidad el pesimista y asolador argumento que George Orwell ideó impecablemente, configurando una de las visiones más acertadas, detalladas y completas del totalitarismo conducido hasta su cúspide, hasta su extremo más implacable.
Cuando el mundo entero se recobraba despacio del mortífero totalitarismo fascista que había causado tantos estragos, y mientras el no menos cruel régimen comunista soviético continuaba con su política de terror, Orwell escribió una fábula, "Rebelión en la granja", en la que redondeaba sarcásticamente dichas ideologías opresoras, para continuar con su ópera prima: "1984".
Michael Radford capta admirablemente el alma opresiva de la novela, trasladando al cine su ficción devastada y desesperanzadora. El mundo está dividido en varios continentes: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental, que supuestamente están siempre en guerra. El Partido lo rige y lo controla todo. Y cuando se dice todo, no se dice por decir. Es todo. Y, más que nada, la mente humana. Y su máxima figura de poder es el Gran Hermano, que todo lo ve. Nadie escapa a su mirada hipnótica, que subyuga día y noche desde las telepantallas situadas en todas partes y que vigilan lo que hace la gente en sus casas, en la calle, en los comercios, en el trabajo, en cualquier lugar. Partes de guerra, estadísticas, anuncios de "incrementos" en las raciones semanales de suministros a la población taladran día y noche desde esas pantallas de cristal.
Las calles, los edificios, las instalaciones de cualquier tipo presentan un aspecto lastimoso, viejo, ruinoso, sucio, con escombros desperdigados, paredes desconchadas y ennegrecidas por la humedad, donde se intuyen unos malos olores insufribles, una podredumbre que empieza en el ambiente y acaba incrustándose en el alma, un alma colectiva autómata, dúctil y maleable que pertenece por entero al Partido.
Sólo existe aquello que proclama el Partido. Si el Partido afirma que Londres es una ciudad bella y próspera, es que es así y siempre ha sido así. Si el Partido afirma que la calidad de vida es cada vez mejor, es que siempre ha sido así. Si afirma que Oceanía está en guerra con Eurasia, siempre ha sido así. Si asevera que Oceanía está en guerra con Asia Oriental, siempre ha sido así.
El pasado es una mentira.
La memoria no existe.
Entre tanta sordidez y tanta manipulación de las masas, un espíritu se rebela: Winston Smith. Un empleado del Ministerio de la Verdad cuyo rutinario trabajo consiste precisamente en destruir constantemente las "mentiras" del pasado en montones de documentos para rectificarlas por la "verdad" que el Partido considere conveniente a cada momento. Para cualquiera de los que tienen el cerebro lavado (que seguramente son la gran mayoría), podría ser un oficio gratificante porque supone "defender la verdad" (no hay más verdad que lo que diga el Partido).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Aquello y aquellos que se convierten en "errores" o "elementos defectuosos", son eliminados sin dejar huella.
Winston Smith no cree en lo que hace, porque él conserva celosamente su memoria individual, sus recuerdos y su identidad. Se da cuenta de que todo es una gran mentira. Y para un empleado del Ministerio de la Verdad, se trata de un problema peliagudo.
Él disimula, lleva su vida solitaria y vacía, vive en un piso tan deprimente como todo lo demás en Londres, oyendo el runrún incesante de la detestable telepantalla.
Pero él quiere mantener a toda costa su conciencia de sí mismo.
Alguien más advierte su rebeldía. Julia.
Entre los dos intentarán transgredir el sistema siendo ellos mismos, buscando un imposible rincón propio. Creen en el amor, y el Partido desprecia el amor. Disfrutan del sexo, y el Partido pretende erradicarlo para no desperdiciar la energía humana y canalizarla eficazmente, dirigiéndola hacia el ciego fanatismo y el odio al "enemigo", encarnado en la figura de Goldstein. Ellos dos detestan la pureza mental, la pureza del cuerpo, todo lo que el Partido persigue.
Pero hay alguien más que sigue los pasos de Winston. El misterioso O'Brien...
Inquietante representación de una civilización totalmente corrompida por un Partido que ostenta el poder absoluto y omnipotente. Cabezas pensantes y poderosas que atisban hasta el más íntimo pensamiento ajeno, convirtiendo a las colectividades en masas adoctrinadas hasta el estremecimiento. Su mayor gesta es conseguir que todas las personas parezcan hechas en serie. Que sus mentes estén sometidas hasta el punto de amar el pie que las pisotea.
Amar al Gran Hermano.
Vivoleyendo 
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