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Mientras mi corazón desea mi boca bosteza
Cuando cantan, la película resulta entretenida, con esas cancioncillas Lerner-Previn siempre tan pegadizas, tan enjundiosas. Incluso Chevalier está soportable en esas escenas, que ya es decir. Pero cuando la película transcurre por la parte meramente hablada, el sopor se adueña de un espectador del siglo XXI. París, los trajes, los carruajes, los "enormes problemas" amorosos de los burgueses... Todo eso ya no le impresiona a nadie, salvo a alguna maruja adicta al papel cuché. Los diálogos son tontitos, obvios, y uno, mientras espera el próximo número musical que le saque del bostezo, se entretiene midiendo la belleza de Leslie Caron con las otras actrices más bellas de la historia: Gene Tierney, Michelle Pfeiffer, nuestra Leonor Watling...
Hoy ha ganado la Caron, pero mañana podría ser cualquier otra.
LeonNewman 
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