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Patética y emocionante
Antes de perder el norte durante un tiempo ("Dune", "Corazón salvaje"), David Lynch había demostrado con obras como ésta que es uno de los grandes directores de los últimas décadas. La historia está llena de sensibilidad y su realización en blanco y negro le da una mayor credibilidad, otorgándole una aura especial que la hace más envolvente, como si se tratara de una obra maestra de los pioneros del celuloide. Las interpretaciones de Anthony Hopkins y John Hurt (bajo un "kilo de maquillaje") son, sin duda, sublimes. La elección del Adagio para cuerdas de Barber en la escena final es otro gran acierto de Lynch, consiguiendo uno de los momentos más dramáticos de la historia del cine.
En definitiva, una extraordinaria película que emociona y que no nos puede dejar indiferentes.
jano 
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