|
Cuando el asunto es sólo un pretexto creativo
Siempre he concebido el cine como un lenguaje, como un medio de expresión en el que lo que se dice y cómo se dice merece exactamente la misma consideración. La peli de Kubrick no consiguió despedazar dicho criterio, pero me demostró fehacientemente como, en ciertas ocasiones, el asunto es solo un pretexto creativo. Intentaré explicarme.
“The killing” constituye un irreprochable ejercicio de cine negro en el que el sustrato argumental, como es de suponer, no se aleja ni un milímetro de los parámetros básicos del género. A saber: actividades delictivas, estética gángster, miradas amenazadoras, diálogos mordientes, cinismo, bravuconería, vamps, muerte, humo, whisky, nocturnidad y alevosía.
Si a todo ello le unimos una impecable fotografía en b/n, con sus oportunos claroscuros, una atmósfera tensa, una musiquilla inquietante y ciertas dosis de acción ineludibles, probablemente obtendremos una buena peli de cine negro. Tal vez incluso muy buena.
Sin embargo, el enigmático ingrediente que convierte una muy buena peli en una obra maestra suele aparecer indisociablemente unido al artista. En este caso al director, Stanley Kubrick. Solo un monstruo como él podía metamorfosear una historia aparentemente tópica y convencional en un ejercicio narrativo extraordinario. Encajó las teselas de este magnífico mosaico vulnerando todos y cada uno de los axiomas establecidos, soliviantando la imaginación y la inteligencia del espectador y revelando al mundo entero las enormes posibilidades sintácticas del séptimo arte.
Sencillamente perfecta.
Taylor 
|