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Delirio surrealista con olor a cloaca
Paradigma de la comedia "trash" y contracultural americana, rindiendo culto a la fealdad y la obscenidad extrema. Su heroína es la personificación de los vicios más inmundos. La historia cuenta la disputa de Divine por mantener su status de "Reina de la Inmundicia". Para ello, Waters hace desfilar por la pantalla toda una cabalgata de personajes imposibles que disfrutan con el asesinato múltiple, el incesto o la zoofilia y convierten estas aficiones en una forma de vida. Con estos recurso el realizador pretende sacudir al espectador, convirtiendo la depravación en materia de comedia
El bajo presupuesto -no pasó de los dos mil dólares- no supuso ningún inconveniente: la vulgaridad de su estilo formal, la lamentable fotografía y los grotescos escenarios refuerzan en todo momento la sordidez en que se desenvuelven los personajes. Waters demostró que el talento artístico no es siempre proporcional a los medios de producción. Su primitiva técnica promovía el escándalo mediante la destrucción de los cánones del buen gusto. Y para alcanzar estos fines no duda en recurrir a los disparates más vulgares y lascivos. Dignos de mención son el festín final de su dilecta Divine o la degustación caníbal. Toda una galería de insolencias que pueden congelar la sonrisa a más de uno.
"¿Cuáles son sus creencias políticas?", le pregunta un periodista a Divine, a lo que responde con absoluto convencimiento: "Matar a todos, perdonar el asesinato en primer grado, apoyar el canibalismo, comer mierda... esa es mi política y mi vida".
Un filme demoledor que atenta contra todos los pilares del "american way of life", desde la familia a la justicia.
orphico 
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