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Good shit, huh? It's good for two things: degreasing engines and killing brain cells.
“Matrix” es otro de esos ejemplos sobre cómo una película puede llegar a conseguir cierto estatus de culto tan solo por innovar formalmente (o sea, visualmente), obviando su catástasis de fondo. Cierto es que hay una era “post-matrix”, la cual es como para echarse las manos a la cabeza (“Los ángeles de Charlie”, “Ultravioleta”, “Underworld”....), aunque lo paradójico es que como cualquier vodevil añejo de tres al cuarto, este descafeinado híbrido de no se sabe qué, desemboca en un sin sentido de proporciones inmensas, degradando la esencia misma de la ciencia ficción pura, y, para más INRI, apelando a falsas e irritantes coartadas seudo-filosóficas.
Los hermanos Wachowsky, con todo el morro del mundo, se limitan a coger un poquito de aquí (desde John Woo a una amplia gama de cine Hong-Konges), otro poquito de acá (desde las magistrales “Ghost in the shell” y “Akira” hasta prefabricados de espanto estilo “Sakura” ) y finalmente algo de allá (lamentables y pretenciosas acuñaciones comiceras), añadiéndole un poco de filosofía baratísima envuelta en un celofán de lo más hortera, para cocinar un sub-producto lleno de agujeros por todos lados. Y es que tanta reflexión, tanta palabrería, tanta pretenciosidad, tanta escena de acción metida con calzador termina por agotar al espectador, el cual espera a que llegue un desenlace que responda a tantas preguntas (en el fondo inconexas y vacuas), y cuando el film llega a su clímax, cuando finaliza, la cara de bobos que se nos queda es antológica.
“Matrix” es todo lo que un film combinatorio y mixto no debe de ser. Es un refrito de esencias pop y tecno-gays emulando seriedad autoral, a la vez que un descarado intento de supeditar rasgos narrativos innovadores, pero que, cómo no, terminan por estancarse estrepitosamente frente a tanta nulidad (tanto de talento como de ideas).
Para mí, personalmente, esta es una de las mayores estafas fílmicas de la historia, un relato bastardo y castrado de una esencia (la peregrinada por Katsuhiro Otomo, entre otros) maravillosa, que en manos de estos dos incompetentes (aunque la verdad no lo son tanto, recordemos su espléndido debut “Lazos Ardientes”) termina por perder toda su fuerza natural, su irreprochable personalidad.
Lo mejor: ¿?
Lo peor: Entre sus infinitos defectos, que son muchísimos, ni siquiera el “bullet time” (tiempo bala) era algo novedoso (aunque eso intentaron vendernos).
Clark 
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