Entre avalanchas de soldados Ryans en la delgada línea roja nacidos el 4 de julio, se agradece la bocanada de aire fresco (aire fresco llegado, eso sí, de treinta años atrás) que supone esta magnífica sátira sobre las peripecias un grupo de cirujanos y enfermeras de campaña durante la guerra de Corea. Basada en una novela de Richard Hooker, que escribió sobre sus propias experiencias como médico militar, en manos de Robert Altman se convirtió en estandarte de la frase "haz el amor y no la guerra". Porque, ante el desfile de heridos y moribundos que pasan por el campamento, la respuesta de los personajes será desarrollar una alegre inmoralidad, un alegato por la vida, el amor y la risa. Y todo ello aderezado por un conjunto de brillantes gags* que a veces consiguen hacernos olvidar el muy serio trasfondo sobre el que la historia se está desarrollando.
spoiler:
* La escena del suicidio de Sin Dolor, desde la representación bufa de la Última Cena hasta la falsa resurrección del dentista.
* El gag, repetido al principio y al final de la película, sobre el jeep robado por Donald Sutherland.
* La manía religiosa de Burns, puesta en evidencia cuando se descubre, vía megáfono, sus escarceos amorosos con la enfermera Houlihan.
* El descacharrante partido de rugby en el que el MASH droga a la estrella del equipo contrario para no perder el partido.
* Los absurdos mensajes por megafonía.
* Los comentarios en la sala de operaciones.