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Voto de IvanCarrera:
9
Voto de IvanCarrera:
9
Bélico Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Rodada íntegramente en japonés, la película ofrece la versión nipona de la batalla de Iwo Jima, el episodio más cruento de la guerra del Pacífico, en el que murieron más de 20.000 japoneses y 7.000 estadounidenses. El objetivo de la batalla para los japoneses era conservar un islote insignificante, pero de gran valor estratégico, pues desde allí defendían la integridad de su territorio. El mismo año, ... [+]
20 de febrero de 2007 1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es esta ''Cartas desde Iwo Jima'' una película narrada con sencillez en su planificación y, hasta la fecha, la más austera en su puesta en escena: acierto sobresaliente para poder así ayudar al espectador a identificarse en la profunda psicología que emana de los personajes, logrando que los sentimientos puedan sentirse rebotando en las paredes de las cuevas donde transcurre casi toda la acción. Es por ello que al ver la película, pese al superfluo retrato de relaciones y acciones humanas escuetas (sencillas) uno tiene la sensación de estar asistiendo al desarrollo de una gran epopeya, y ello no es sino mérito del escudriñamiento profundo e intenso que aplica la mirada de Eastwood sobre sus personajes. Aquí radica la verdadera fuerza de la película, aunque también su debilidad, pues tratándose del viejo Clint, nos enfrentamos a la visión de un cineasta del alma, alguien capaz de sacar a relucir la acción más trepidante sin contar con artificios exteriores, sino simplemente con colocar a dos personajes en plano, y también, más difícil todavía, uno solo.
Es posible que ésta sea la razón por la que las escenas de batalla, a pesar de la evidente calidad técnica de la recreación, no nos conmuevan. Y ello es debido a que,subrayo,indudablemente, el viejo Clint es el más espiritual de los cineastas en activo (doy por sentado que Bergman ya se ha retirado definitivamente), y ello, ya que no hay ser perfecto sobre la faz de la Tierra, le proporciona ciertos límites a la hora de tratar con fuegos de artificio.Todo esto que señalo es de dignísimo mérito humano, aunque (¡ay!) a la hora de hablar de un cineasta que para llevar a cabo su proyecto de recreación de una batalla desde las dos perspectivas, hay que exigirle cierta frialdad o distanciamiento emocional para conseguir una posición neutra entre ambos bandos, y, he aquí el tierno pecado de nuestro pistolero más venerado. La sensibilidad emocional de este duro con corazón de cristal no afina en absoluto con el carácter impasible que se supone que deberían tener los soldados japoneses en el campo de batalla (los combatientes del Japón eran educados para poder ocultar sus emociones en el combate, sólo de esta manera podían asemejarse a máquinas de matar), pues cada uno de los planos que Eastwood aplica sobre sus amados personajes rezuma sentimiento por las cuatro esquinas. Es por ello que me atrevo a afirmar que la maravillosamente lírica película que nos ofrece este duro de pelar no es más que otra visión occidental del asunto. Tierna, bella y emocionante, si, pero su veracidad documental se perdió entre los suspiros de su director.
¡Ay, Clint!, ambiciosa propuesta la tuya, pues no somos más que hijos de nuestros padres. Pero no hay problema: siempre habrá alguna pequeña historia de barrio norteamericano que puedas engrandecer bajo tu prisma pesimista y romántico, ya que, después de todo, no corren tan malos tiempos para la lírica.
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