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Brillante creatividad: Branagh-Pinter 4/Mankiewicz-Shaffer 2
Mientras en La huella original se batían récords de trampas superficiales, recursos de baja estofa con personajes muy lineales, ciertamente muy bien recreadors por excelentes profesionales, aquí el extraordinario dramaturgo y guionista Harold Pinter plasma unos perfiles psicológicos y unos diálogos en los que irrumpe una imaginación más libre, más inquietante, en el desarrollo potencial de una tragicomedia en la que ninguno de los personajes sabe adónde le puede llevar su ciega ambición.
Jude Law buscó esta posibilidad de recreación, logró unir a estos creadores de excepción y consiguió todo lo que se proponía, además de llevar a cabo el trabajo más rico de su joven carrera.
Caine compone un personaje muy pinteriano en su viaje a un incierto terreno en el que se unen los sueños con las pesadillas, la ambición de poder con la desgracia de tener semejante poderío.
Ambos actores permiten que Branagh-Pinter desarrollen con precisión un trabajo que ha recibido palos inmerecidos en una comparación caprichosa con el original. Aquella Huella está bien como está, pero esta es mucho más rica, más atractiva su puesta en escena, más coherente su diseño fascinador, y realmente me parece una gozada la realización de Branagh, ya que no le ha temblado el pulso para atreverse a jugar él también con la cámara y la fotografía y hacernos partícipes del temible y encantador juego de "espiar" constantemente el juego de representaciones continuas de sus actores-personajes. Por eso apasiona desde las primeras secuencias en que vemos a los protagonistas desde arriba, como vagos muñecos: los brazos de Jude y la mano de Caine... A partir de allí seremos luces y sombras, objetos de lujo, mirones a través de copas de cristal, ojos avizores a través de persianas, así como también seremos primeros planos de ojos y labios, siempre adheridos a la trama e intentando formar parte de un camino enrevesado que va directamente al corazón del misterio... como una amenaza que nos atañe como si fuéramos piezas de un oscuro rompecabezas. Por eso en esta versión el dueño de casa es un escritor de fama internacional conocido como El maestro de la "amenaza".
Larga ovación para el director de fotografía y el director artístico: todo luce con precisión exquisita, sin excesos, con una medida de creatividad que impulsa el rigor dramático de la acción con admirables detalles que invitan a volver a ver muchas secuencias, sobre todo aquellas en las que elementos de la realidad combinan armónicamente con decorados evidentemente teatrales.
Pinter, Branagh, Law y Caine han jugado con enorme brillantez y yo me felicito de haberles seguido el juego, divirtiéndome y dejándome atrapar por su talento. He disfrutado de todo constantemente, y además, en los últimos veinte minutos fui lisa y llanamente atrapado por la enrevesada angustia generada por estos eternos filibusteros de la mentira y la traición.
horacio 
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