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Un drama duro, complejo y espeso.
Las amargas lágrimas de Petra Von Kant es una película seria, intensa, difícil y con la que el espectador no siente demasiada empatía.
R. W. Fassbinder se centra en un personaje femenino de los que llenarían, no una, sino varias películas. Petra Von Kant es una afamada diseñadora de moda, con una fracasada relación de pareja a sus espaldas, un presente profesional no muy brillante, una hija a la que no ve, una criada a la que somete y maltrata cuanto puede, y alguna amistad tan elocuente como poco sincera. Cuando decide comenzar una relación con una mujer más joven no es consciente de que es una relación con fecha de caducidad. Al final la amargura y las lágrimas del título de adueñaran se su vida.
Tal y como lo he contado, podría pensarse en un típico melodrama dirigido por William Wyler e interpretado por Bette Davis. Pero nada más lejos de la realidad. Fassbinder hace una película casi de corte teatral. Encierra a sus personajes en una habitación, y es ahí donde asistimos a toda la catarsis en la vida de Petra Von Kant. Filma las largas conversaciones entre sus personajes de forma áspera e incómoda para el espectador, consiguiendo algún plano de estilizada belleza. Los diálogos resultan intensos en la mayoría de los casos, pero no puede evitar caer en la pedantería en otros.
Por esa habitación pasan seis personajes femeninos y las seis actrices que los interpretan. Y entre todas ellas Petra Von Kant y la actriz Margit Carstensen acaparan la mayoría de planos. El personaje es complejo, brillante, de lucimiento absoluto, y su interprete va incluso más allá que el personaje. Está sencillamente extraordinaria, y es lo mejor, sin duda, de una película no apta para todo tipo de público.
ernesto 
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