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¿El silencio de Dios?
Interesantísima propuesta documental no apta, claro está, para espectadores impacientes. El director, Philip Gröning, sí predicó con el ejemplo ya que tuvo la paciencia de esperar dieciséis años desde que pidió permiso para rodar en un monasterio de la Orden de los Cartujos hasta que se le concedió.
Otras condiciones, en principio para no entorpecer el ritmo de vida de la congregación, eran que durante el rodaje debía permanecer conviviendo con los monjes y que debía contar con el mínimo equipo posible —es decir, unas condiciones técnicas de rodaje casi "Dogma"—.
Sin embargo, y quizá sin pretenderlo, los monjes se revelaron como unos muy sutiles y certeros asesores cinematográficos, ya que el resultado inevitable de dichas condiciones es una mirada "desde dentro" que sortea, además, el riesgo de un esteticismo pictórico, más decorativo que espiritual, que con más medios podría haberse obtenido.
Personalmente, debo decir que, como espectador, sí me ha llegado el aliento profundamente espiritual que la película pretende transmitir; aunque, paradójicamente, no tanto en los momentos en que vemos a los monjes, de manera individual o colectiva, orar (creo que era Orson Welles quien decía que la oración es un acto tan sumamente privado que es de las pocas cosas que la cámara de cine, ese ojo que todo lo ve, jamás podrá captar) como en los momentos de quehaceres cotidianos, repetidos en silencio una y otra vez, e incluso lúdicos, como cuando juegan en la nieve (esta última escena se beneficia, además, de la dimensión trascendente que adquieren las montañas y el cielo y se acerca a la grandiosa humildad del Rossellini de "Fancesco, juglar de Dios").
A destacar, finalmente, la impagable elocuencia de los primeros planos de los monjes mirando directamente a cámara y el avión que pasa.
Quim Casals 
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