La película premio hace gala de iluminaciones imposibles.
La película premio cuida cada fotograma como si fuera el último de nuestras vidas.
La película premio no descansa hasta encontrar el encuadre perfecto.
La película premio fotografía en verde, rojo u ocre.
La película premio se ampara en la Musa del efecto musical.
La película premio está cuajada de momentos premio.
La película premio siempre gana el FIPRESCI.
La película premio es virtuosista.
La película premio juega con la luz y los reflejos.
La película premio se sitúa en la esfera de lo metacinematográfico.
La película premio interpone, entre la sangre y la pupila, un gran lienzo de látex.
La película premio, si resbala, es cine artificial.
La película premio no tiene ningún pero.
Pero... no es el premio lo que cuenta. Es la emoción.
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A la película premio, tras hora y cuarto de metraje, la salva un plano venido desde el cielo: El rostro durmiente, horizontal, de la hermosa Véronique. En él encuentra su infinito.
spoiler:
[Si Tomine retrata la película convexa, yo he pretendido hacer lo propio con la película premio.]
[No son ajenas a esta crítica algunas reflexiones de elminino sobre Elegy, la cinta de Coixet.]