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Juventud manchada
Lo que antes eran diálogos espontaneos, esquivos, concisos y planos sumidos en la más absoluta calma, sustentados por atmosferas ásperas, y embelesados por su armonía y longitud, ahora son extractos detallistas, atípicos y cautivadores sustentados por un montaje impregnado de lucidez e inteligencia, que logra que cada imágen por separado dote de una fuerza extraña a "Paranoid Park".
Aquí, la imágen se independiza para formar parte de un todo en el que cada fragmento cobra su propio sentido, arrolla con perspicacia e introduce al espectador en una situación tan resbaladiza como incómoda, donde cualquier punto puede resultar determinante, donde el menor quiebro puede dejar sumido al respetable en una aureola de amargura e inquietud.
En ella, las imágenes y el sonido reflejan un mundo nuevo. Un mundo en el que la simetría se rompe con estridentes acordes que nos transportan a ese universo roto por unos compases discordantes con el resto de la humanidad, universo compuesto por chavales de edades que no comparten el yugo de sus mayores, y buscan una vía alternativa.
El contrapunto lo ofrecen unas notas que diluyen ese efecto, y otorgan un increíble halo de tristeza y desgarro a "Paranoid Park", un halo que, fundido con una historia mínima pero humana a más no poder, otorga a este trabajo la suficiente envergadura como para verse sumido en esa atmósfera, para sólo salir de ella cuando esa fotografía granulada y vivaz nos recuerda, de nuevo, que hasta esta juventud marcada tiene recónditos lugares a los que acudir cuando todo parece derruido, cuando la inocencia se ha ido por la borda y ya sólo unas sinceras palabras de respaldo podrían servir para algo.
Grandine 
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