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¡Ese cine de antes...!
Le doy un 9 por muchas razones; pero, sobre todo, porque Berlanga es un perito en contar una historia y en saber hacer vibrar con ella.
Es una película en la que Pepe Isbert se convierte en el padre - en el querido padre- de todos los espectadores; y, tan es así, que dudo que la peli siguiera siendo tan cándida, tan penetradora en la calidad de lo humano sin este actor. Ello, sin desmerecer el papelazo del propio protagonista y de Enma Penella.
Pero hay otro factor que la hace casi perfecta: el sentido del humor (recordemos a López Vázquez midiendo el perímetro craneal de los niños, por si eran subnormales como no sé qué familiar o al "intelectual" en el stad de libros, que no sabía quién era Bergman ni Antonioni).
Berlanga consigue en una época difícil en las que los niños no debían llorar que el espectador no considere al aspirante a verdugo un cobarde, sin que, por el contrario, se solidarice con él en ese sentimiento de bondad y de generosidad. Hasta hoy mismo. Y es que lo universal del hombre siempre pervivirá.
Se podría calificar la película como un pequeño gran drama de lo cotidiano y del corazón.
azabache 
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