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Auténtica
Quizá porque por aquel entonces apenas había tenido tiempo de ver un puñado de películas, no más de seis o siete en VHS y dos o tres a lo sumo en pantalla grande, me preguntaba qué tenía aquel vídeoclip de “One”, que no tenían los demás.
Años más tarde volví a ver aquellas imágenes en blanco y negro y, a falta de una palabra mejor, decidí que lo que las distinguía era un sentido inconcebible de la honestidad, un extraño carácter digno e inmediato que las identificaba como auténticas.
Desde entonces, el misterio de lo auténtico se revela en cada obra de arte que he visto, desde el presente a la antigüedad, como una invariante en las piezas maestras. Opuesta a la pose, a lo impostado y a la falsa calidad, su presencia es caprichosa, y con frecuencia los autores ignoran su secreto, tanto los que fracasan como, sobre todo, los que la alcanzan.
Tomine 
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