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La belleza inusual de un western
Pocas historias son tan magníficamente narradas como la que nos cuentan aquí. El western desde sus inicios siempre se había considerado como un producto tosco, burdo y sin valor. Unas obras menores de las alcantarillas de la serie B, exactamente. Teniendo en cuenta que los típicos westens salían persecuciones entre indios y vaqueros, polvareda, personajes brutos y salvajes y poco más.
En 'Pasión de los fuertes' Ford logra reinventar el rancio género con poesía y lirismo. Un canto a la belleza del oeste, hecho con profundidad y sin efectismos. Henry Fonda está inmenso en el rol de Wyatt Earp; con sus miradas, con sus acciones, con su forma de estar. Así, el sheriff es el héroe del pueblo, mientras que Doc Hollyday (Victor Mature). Los dos se verán las caras muy a menudo.
En definitiva, el film supuso un paso más en el reconocimiento de la brillante carrera de Ford. Mucha gente en esa época menospreciaba el género del oeste por poseer ingredientes demasiado pobres, ya que los cuatro Oscars que Ford ganó en toda su carrera ('El delator', 'Las uvas de la ira', 'Qué verde era mi valle' y 'El hombre tranquilo') evidentemente, no fueron westerns. Para la industria de Hollywood las películas sobre el mito del oeste no estaban a la altura de los demás géneros.
Pero John Ford nunca se rindió, y cuando se presentó a mediados de 1940 en una reunión del gremio de esta forma: "Soy John Ford y hago westerns", la gente no comprendía como podía tener el descarado valor de presentarse así ante la industria, después de haber recibido el Oscar con la aclamada película 'Las uvas de la ira'. Podría haber dicho perfectamente: "Soy John Ford, el director de 'Las uvas de la ira'; pero no. Él amaba el western. Y por eso, dio al mundo esta obra maestra titulada 'My Darling Clementine'. Uno de los mejores de Ford.
Kriza 
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