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Atrapados
Habemus dos opciones:
-Cine para entretener (no pensar).
¿Arte? audiovisual compuesto por fotogramas cuyo principal objetivo es entregar al que lo visualice una historia mascada, rumiada y vomitada sobre sus retinas.
Se trata de un ¿arte? vacío.
La última tendencia es regalar un extra al espectador: la moraleja. Esta alternativa consiste en narrar los hechos bajo el punto de vista del director o productor, ofreciendo de esta manera el producto absolutamente digerido para el espectador.
Su principal característica es mantenerse al margen de la originalidad, reconstruyendo fórmulas ya usadas con anterioridad a base de luz y color.
Resultado final: no entretiene, cansa.
-Cine para pensar (no entretener).
¿Arte? audiovisual compuesto por fotogramas cuyo principal objetivo es entregar al que lo visualice el esbozo de una historia enrevesada y abierta; sin final.
Se trata de un ¿arte? relleno de vacío.
La última tendencia es regalar un extra al espectador: el final. Esta alternativa consiste en narrar los hechos bajo el punto de vista del personaje principal, sin que en este lleguen a determinarse bien los parámetros que conformen una línea tangente, o en su caso, metafórica y paralela, de modo que la cuántica de su comportamiento frente a los hechos, sea una indeterminada lucha de egos y ritos de cultura y opinión sobre las fases que un ser humano vive en su cotidiano y eterno debate de “ángel o demonio”.
Imagénes tan huecas como las palabras del párrafo anterior. (cuidado, no tratéis de entenderlo porque no hay nada en él que entender).
Su principal característica es la originalidad, destruyendo, a ser posible, toda fórmula establecida a base de iluminación y encuadres ¿innovadores?.
Resultado final: no hace pensar, cansa.
Existe una tercera variante que consiste en combinar estos dos métodos al estilo: “juntos, pero no revueltos”.
La película que nos ocupa tiene el dudoso honor de pertenecer a este último rango.
La primera mitad del film desespera a cualquiera, divagando en teorías supuestamente complejas y sacando al espectador del argumento.
Una vez que el espectador se siente extraño y lejano a lo que en la pantalla acontece, se le bombardea, durante su segunda mitad, con escenas de acción, clichés, moralina en rebajas y conclusiones forzadas que terminan por cambiar el humor del pobre ciudadano de a pie que con toda su buena fé trató de pasar un buen rato por 7 €.
Sines Crupulos 
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