|
Perdiste la partida.
Como todos, por otra parte.
Un minuto de silencio por uno de los mayores pedantes, según muchos, de la historia del cine. Yo estoy en desacuerdo; Bergman es un autor, su mundo propio nos lo cede en imágenes, sus obsesiones. Eso ya es algo, eso tiene que valer de algo en un cine anquilosado como el que ahora hay, tiene que generar, al menos, un gramito de gratitud en aquellos que tenemos la mirada abatida y abrumada por tanta repetición, por tanto esquema prefijado. Te podrá gustar más o menos, conectar con él o no, pero es indiscutible su compromiso con un cine personal, su compromiso con él mismo. Un tipo sincero nunca puede ser petulante. La pedantería va unida a la impostura, a la apariencia. Lo demás son elementos puramente superficiales. Y eso no lo digo sólo por Bergman...
Bergman es un gran autor, no es un genio. Pero para mí es más que suficiente. Ojalá hubiesen muchos bergmans por ahí dispuestos a contarnos sus obsesiones de forma tan sincera y tan cualificada como ha hecho el sueco durante tantísimos años.
Que ojalá allí donde quiera que esté ahora, encuentre alguna respuesta a aquello que tanto buscó.
La película es lenta sí... Conclusión inevitable de nuestras retinas, no acostumbradas a una composición pictórica, sino a saltos constantes.
La película es aburrida sí... Conclusión inevitable de nuestra impaciencia, no acostumbrada a travellings que se mueven para buscar, no para despistar.
La muerte de Bergman nos deja un poco huérfanos a muchos de nosotros... Igual que el séptimo sello nos deja huérfanos de asideros, de respuestas, de aliento.
Eso es así, no hay más.
Bloomsday 
|