|
Niños en la guerra
Preciosa animación basada en la novela de Nosaka con el mismo nombre. Cambiar la realidad por una ficción es lo que hace Seita para Setsuko, pero a la vez es lo que hace la novela con nosotros. Su intención es la de narrar con detalle los horrores de el abandono de dos huérfanos a su suerte, pero intercalado con la inocencia de todo un mundo revisionado por unos niños.
Esto es más evidente en la película de animación de Takahata y Estudio Ghibli. Sea porque el director está especializado en películas infantiles –tema de la cual no es La tumba de las luciérnagas–, o porque supo leer la intención de la novela de Nosaka, Takahata utiliza los motivos infantiles de forma más evidente. Busca elementos dulcificantes y evade hablar en exceso de lo que significa morir de hambre. Para hablar de la guerra Takahata lo metamorfosea en un juego de niños en el que las luciérnagas tienen que ser enterradas, los caramelos meiji hacen pasar las penas de Setsuko, se sirve la mesa sin alimentos guardando las composturas tradicionales japonesas como si se tratara de un juego de madres y padres, etc. A pesar de que la niña vive en este mundo idílico, a Seita se le confronta con el real: las imágenes de luciérnagas muertas en masa le recuerdan a las fosas comunes, llora ante la actuación de Setsuko en su comida irreal después de haber sido apaleado robando en los campos, etc.
Takahata dice ante la acusación de ser una animación demasiado triste: «All I wished to find, beyond sadness, it is a straighter way to show things»[9]. La ficción evoca sentimientos que son el “correcto” modo de mostrar las cosas, busca la emotividad y la conmoción. Quizás porque la manera más certera de ver la guerra como si fueramos los personajes, unos niños. Es a través de la animación, siempre relacionada con ellos. Cuando la narración y los sucesos son verdaderamente escalofriantes y adultos.
¡Merece ser vista!
picadora 
|