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Kim Ki Duk: el cineasta de los amores y los odios
He leído la mayoría de las -llamemósle así- "críticas", buenas y malas, que le han hecho a una de las más aclamadas (y para mí más logradas) películas de Kim Ki Duk. Como toda película "nueva", "original" y demás epítetos, genera controversia.
Además de esta, aclaro que también vi Primavera, verano, otoño, invierno... y su antepenúltima El tiempo.
Al cine de Kim Ki Duk, después de ver sus films, uno no puede permanecer indiferente: se lo ama o se lo odia; y eso mismo sucede en este sitio, y en el mundo entero. Genera, por una parte, amantes, seguidores y fanáticos; y por el otro lado, innumerable sectas, puñados de detractores. Yo me anoto entre los primeros.
Todo esto lo genera Kim Ki Duk y su cine de "vanguardia" (de ahora en adelante, dejaremos de llamarle de vanguardia, eso es sólo una etiqueta puramente comercial que no les compete más que a los críticos, a los festivales, a los jurados de los festivales, y a cierto público que consume toda la parafernalia que viene con y que está detrás del cine).
Confieso que amé cada plano, cada escena de esta película; que la disfruté como pocas, que me cautivó, que estoy enamorado no de los personajes, ni de la fotografía, ni del montaje: de una escena en particular (podría nombrar muchísimas): en la que ella le acerca el pie hasta tocarlo, y él la mira y la besa, sin decirse nada, envueltos en el silencio de una casa que no era la de ellos, pero que sentían como si lo fuese.
Muy poco me importa si este cineasta mayor es considerado por la crítica como uno de los mejores o peores directores contemporáneos: lo único que sé es que el cine de Kim Ki Duk me llega y me hace sentir que el cine está más vivo que nunca.
Rimbaud 
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