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El estudio de antropología de Scarlett
Quien busque una comedia con un punto ácido y corrosivo, que le deje con una sonrisa -tal vez un poco complaciente- en la boca, su película es Diario de una niñera.
Me explico. Diario de una niñera es la historia de Annie (Scarlett Johansson), una joven estudiante de antropología que acepta un trabajo de niñera. Lo que tenía la pinta de ser un trabajo fácil resulta ser todo lo contrario cuando le toque cuidar del hijo mimado de cinco años de la familia X. El argumento es el pie perfecto para elaborar una ácida crítica de la alta sociedad neoyorquina, con su grotesco espectáculo de superficialidad y excentricidad. No lo hace en plan comedia desatada, sino a base de pequeñas píldoras que no desvirtúen la idea principal ni desdibujen a los personajes.
Resulta curioso y a la vez inteligente cómo Pulcini y Springer Berman tratan temas como el estereotipo (empezando por la omisión de los nombres de los ricachones y del jovencito guaperas) o los prejuicios. Estos temas son abordados desde una visión teórica, como si fuera un estudio antropológico de la propia Annie, lo cual da lugar a un cierto distanciamiento que hace posible un análisis certero de lo que se va a examinar, en este caso el modo de vida de los ricachones de Nueva York. Al final, de lo que habla Diario de una niñera es de cómo Annie, ajena totalmente a esa alta sociedad, entra poco a poco en su juego y se convierte en otro instrumento más de ese grotesco espectáculo.
La película cuenta con buenas interpretaciones a cargo de mi querida Scarlett, de la magnífica Laura Linney, de un inmenso Paul Giamatti en sus esporádicas intervenciones, e incluso el niño pequeño está bien. La dirección es colorista, con tonos amables, casi como un cuento de hadas, intentando dar un halo de fantasía, de irrealidad, al mundo de la élite neoyorquina. Lo peor que tiene, aunque era de esperar, es su última media hora con cierto tono sentimental, con moraleja incluida. En este tipo de películas, por muy diferentes que quieran ser, suele haber un final feliz con el que reconfortar a la audiencia, así que no lo tengo muy en cuenta.
Mejor me quedo con todo lo que viene antes. Los directores aprovechan el marco de comedieta para dar un paso más y trazar una inteligente crítica de la clase adinerada de Nueva York, y, como consecuencia, hablar de las diferencias sociales que siguen estando presentes en la moderna sociedad americana. Es una película agradable, con su puntito de ironía y corrosión, que deja buen recuerdo en el espectador. Recomendable.
juanantlopez 
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