El principio desconcierta: personajes grises, voz en off y un cierto barullo estructural. Las piezas del puzzle están desparramadas.
A medida que avanza la cinta, todo se vuelve cristalino: el argumento, las tensiones, la motivación de cada personaje. El puzzle toma forma.
La sensación de urgencia nos oprime: debemos encajar todas las piezas en algo menos de hora y media. Algunas no acaban de ajustarse a la medida de sus huecos (el francotirador del parking, la pelea en el bar, algunos riesgos excesivos).
Llegamos al final. Falta una pieza, la maleta. Intentamos que entre en ese hueco solitario. Empujamos con todas nuestra fuerzas. Nada. Que no entra. Volvemos a intentarlo. En un gesto de irritación desesperada la incrustamos en el hueco sin mayores miramientos. Ya está. El puzzle está acabado.
Pero el azar, en forma de caniche insoportable…
spoiler:
…se da de bruces con la pata de la mesa y, ¡zas!, todas las piezas se dispersan por el suelo.