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Culminante subrealismo escatologico
Leolo no pretende enternecernos, ni ensañarnos, ni siquiera contarnos. Como autentica poesía visual, pretende evadirnos, arrástranos de una forma visceral.
Este personaje, que adquiere tanta fuerza que la película es el mismo, nos introduce en un mundo de ensueño, en el que a través de sus ojos casi como un calidoscopio percibimos una realidad transformada.
Juega con las sensaciones del espectador de una forma magistral, atrae y repele, haciéndonos participes, como en ninguna otra película, de lo que se siente al introducirte en una vida ajena, en la que no solo se vive, sino que se sueña, se desea, de delira y se odia.
Mylady 
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